Introducción
El tratamiento de los síntomas urinarios bajos en sujetos con hipertrofia benigna de próstata tiene como principales protagonistas a los antagonistas del receptor alfa-adrenérgico (alfa bloqueantes) y a los inhibidores de la 5-alfa reductasa. A ellos se puede añadir las acciones de las drogas antimuscarínicas, que ejercen sus efectos sobre los cambios morfológicos y funcionales vesicales, provocados por la obstrucción del flujo urinario.
Más recientemente, se ha considerado el empleo de la atorvastatina, agente perteneciente al grupo de los inhibidores de la reductasa de la 3-hidroxi-3-metilglutaril coenzima A (estatinas), reconocido por sus efectos altamente favorables sobre la reducción del colesterol sérico y la disminución de la morbilidad asociada con dislipemia y afecciones vasculares. El mecanismo por el cual este agente farmacológico podría tener su aplicación en el control de los síntomas urinarios bajos de pacientes con hipertrofia prostática benigna estaría mediado por la reducción de la elaboración intracelular del mevalonato que reduce la isoprenilación de las proteínas G Rho y Ras, que lleva a la relajación del músculo liso prostático. A esta acción importante se sumaría la reducción de la fibrosis vesical y prostática, a través de modulación de la expresión del factor de crecimiento del tejido conectivo, y la apoptosis o reducción de la proliferación del epitelio y el estroma prostático.
En relación con sus efectos sobre los lípidos, el descenso de los niveles del colesterol sérico inducido por la atorvastatina podría mejorar la hipertrofia prostática benigna (fenómenos vinculados, a nivel experimental, con cifras elevadas de colesterolemia).
Algunas publicaciones señalaron porcentajes de respuesta clínica total o parcial del 40% y 38%, respectivamente, de las manifestaciones sintomáticas de la hipertrofia prostática benigna, por lo que los autores decidieron constatar la utilidad de este fármaco en individuos con sintomatología urinaria baja asociada con compromiso prostático benigno.

Material y métodos
Se trató de un estudio de fase 2, aleatorizado, a doble ciego y controlado con placebo, del que tomaron parte 160 sujetos con edades ³50 años. Se trataba de sujetos con un Puntación Internacional de Síntomas Prostáticos (IPSS) ³13, volumen prostático total ³30 ml y tasa de flujo urinario máximo de 5 a 15 ml/s. Las concentraciones iniciales de colesterol ligado a lipoproteínas de baja densidad (LDL) oscilaban entre los 100 y los 190 mg/dl.
La dosis de atorvastatina que recibieron los asignados a fármaco activo correspondió a 80 mg diarios. Tanto ello como los asignados a placebo se mantuvieron en tratamiento a lo largo de 26 semanas.

Resultados
El IPSS no mostró cambios diferentes entre los pacientes asignados a atorvastatina y los que recibieron placebo (_4,5 versus _4,3; p = 0,263). Otro tanto se registró para las determinaciones de volumen prostático total (_1,6 versus _1,9 ml; p = 0,654), volumen de la zona de transición (_0 versus _0,8 ml; p = 0,421), tasa de flujo urinario máximo (+1,1 versus +0,7 ml/s; p = 0,612), y antígeno prostático específico (_0, 4 versus _0,14 ng/ml; p = 0,235).
Los expertos destacan que la diferencias significativas fueron observadas en los niveles lipídicos: LDL-colesterol: _75,6 versus _6,1 mg/dl (p < 0.001).

Discusión
Los efectos favorables de la atorvastatina sobre el perfil lipídico corroboraron los hallazgos de investigaciones previas y subrayan la importancia del empleo de esta estatina en el tratamiento de los trastornos lípídicos. Otro tanto puede mencionarse respecto a la tolerabilidad y seguridad registrada con altas dosis de atorvastatina (80 mg) en individuos mayores.
A pesar de que el diseño del estudio tuvo en cuenta la utilización de una dosis suficientemente alta como para poner de manifiesto efectos positivos, y durante un tiempo prolongado (6 meses) para permitir la aparición de cambios sobre los síntomas urinarios, los resultados indican que la atorvastatina no tiene efectos en los síntomas urinarios bajos de pacientes con hipertrofia prostática benigna. La combinación de falta de efectos, tanto sobre los síntomas, como sobre los parámetros urodinámicos y la calidad de vida, confirman estas conclusiones. La ausencia de cambios con relación a la potencia eréctil puede explicarse por la inclusión de sujetos con colesterol LDL < 190 mg/dl y que sólo recibieron medicación concomitante (sildenafil) en el 1% de la muestra. Por otra parte, señalan los expertos, se destaca la falta de efectos observados en relación con los niveles de antígeno prostático específico, por lo menos a lo largo de un período de 6 meses, lo cual debe ser tenido en cuenta en futuras evaluaciones de las estatinas como agentes de prevención del cáncer prostático.
Aunque quizás los efectos de la atorvastatina sobre los parámetros urinarios y prostáticos pueden haber sido diferentes en individuos con valores de LDL-colesterol superiores a los 190 mg/dl, este grupo de individuos no pudo ser incluido por razones éticas, ya que parte de ellos deberían recibir sólo placebo durante 6 meses.

Conclusión
Los resultados que arrojó este estudio a doble ciego con atorvastatina durante 6 meses no demostraron efectos sobre la sintomatología urinaria ni sobre las determinaciones urodinámicas en sujetos con hipertrofia prostática benigna, al menos en pacientes con valores de LDL-colesterol inferiores a190 mg/dl.


    Año XI, N° 166, Mayo 2010