Contenido paranoide
El sufijo “oide” significa semejante, por eso se designa como paranoide a la
persona que presenta rasgos atenuados que hacen recordar a la psicosis delirante
paranoica.
Desconfianza
El rasgo paranoide se caracteriza por girar alrededor de un núcleo que es la
desconfianza. La falta de confianza, en última instancia, es un problema de fe.
En la fe, que es el fundamento de la creencia, no hay lugar para la duda o el
análisis, es creer sin que importe entender. Si bien tiene su máxima expresión
en lo místico y religioso, la fe se enseñorea en todos los terrenos de lo
mental. Somos personas confiadas, confiamos en nuestro entorno, confiamos en que
la rutina que tuvimos a lo largo de nuestra vida se va a repetir en el día de
hoy, y luego en el día de mañana y así sucesivamente.
Hay una confianza básica, ingenua, en el sistema y en el medio que vivimos.
También tenemos confianza en el resto de la gente; más allá de la crítica que
podemos hacer, básicamente confiamos en nuestra comunidad, en nuestros
familiares. De no existir esa confianza, esa fe, el grupo se disgregaría. Es una
confianza ingenua, porque si nos ponemos a analizar, sólo se basa en la
repetición, en la costumbre, y eso es lo que descubre el paranoide. Es un hombre
o una mujer que se planta frente al consenso y se pregunta el por qué de las
bases de ese consenso y obtiene una conclusión negativa: que no estamos
asentados en una comunidad que pueda darle tranquilidad absoluta y que las
personas que lo rodean pueden ser potencialmente sus enemigos, no son leales o
fieles. Aquí falta entonces la adhesión al sistema de creencias común, a lo
consensuado.
Abuso del razonamiento deductivo
Si alguien desconfía de un sistema de creencias consensuado, evidentemente debe
formar, si no se desmorona como persona, su propio sistema de creencias. Éste se
va a basar en un uso abusivo del razonamiento, de la interpretación, que formará
una posición muy particular en relación con el resto de las personas. Utiliza
básicamente un tipo de razonamiento deductivo que parte de un prejuicio, por
ejemplo: “Me quieren perjudicar”, que los hechos particulares sólo confirman o
no. Es este prejuicio el origen de muchos de sus juicios falsos, y hace que
interprete las acciones de los demás como rebajantes, amenazantes y hostiles; en
consecuencia, siempre son obstinados, rígidos y están a la defensiva.
“El pensar razonado es el juez infalible sobre el ser o el no ser. Ninguna cosa
inmediata debe aceptarse de por sí como real: todo debe «fundamentarse». Sólo es
real lo que puede explicarse. Lo que no puede explicarse mediante axiomas libres
de contradicción no existe.”(#)
Búsqueda de las claves
Los paranoides tratan de buscar las claves que revelan las intenciones de los
demás, buscan la segunda intención, la prueba que demuestre que estaban en lo
cierto. Dividen a las personas entre los que están con ellos y los que están en
contra, no hay términos medios.
Evitación de la intimidad
Se mantienen firmes en su postura; evitan la intimidad por temor a dar
información que pueda ser utilizada como arma por sus enemigos. “Evito la
intimidad, el contacto, mantengo un tipo de relación superficial, y por supuesto
que voy a ser susceptible, voy a estar alerta ante las actividades de los demás.
Detalles que para otros pueden ser cosas triviales, banales, para mí encajan
perfectamente en un patrón concatenador de hechos, que pueden llegar a ser
indicios de un complot o algo que están tramando en mi contra.”
Estado de alerta
Por eso están muy alertas. Se nota en el paranoide, cuando se lo observa, el
estado de alerta, de tensión. Es una persona que está en lucha: “olfatea” el
ataque, el complot y la infidelidad donde los otros nada ven.
Rencorosos
Son rencorosos, recuerdan los agravios, las humillaciones y los insultos por
siempre, y están a la espera del retrueque y la venganza. La sobrevaloración, la
intolerancia a la crítica, la autojustificación de los errores, el humor irónico
y la necesidad del contrincante (siempre están peleando con alguien), completan
los rasgos de esta personalidad.
Desde el punto de vista clásico se caracteriza a estas personalidades por los
siguientes items: desconfianza, susceptibilidad, proyección, autorreferencia,
grandiosidad. En este caso, “proyección” es atribuirle a los demás intenciones
que coinciden con los prejuicios del paranoide.
Grandiosidad
Decimos “grandiosidad” porque tienen su propia manera de ver el mundo y le dan
un alto grado de validez respecto de la forma en que lo evalúan los demás. “La
diferencia entre los otros y yo es que pienso; lo que digo lo razono en todos
los detalles y las otras personas no. En consecuencia las conclusiones que saco
son mejores y verdaderas, lo he comprobado muchas veces. Es así. Mi mujer, por
ejemplo, tiene dos neuronas: una para controlar los esfinteres y la otra para
mantener el equilibrio. Si usa una de ellas la otra se descontrola, o se hace
pis o se cae al piso. Así que opta por no usarlas, no pensar.”
El porte
Si lo describimos, observamos que es muy detallista, puntilloso; es una persona
de porte prolijo, no es un desaliñado o un bohemio: es atildado y conserva una
postura erecta, desafiante; la mirada es hacia los ojos, de estudio. Mira a los
ojos o de costado. Los rasgos suelen ser duros, el entrecejo ceñido. Inspira
respeto. Cuando está frente a nosotros nos estudia, sentimos la sensación de
estar rindiendo examen. Sopesa constantemente lo que decimos, cómo lo decimos, y
sobre todo cómo nos dirigimos a él. Se considera una persona respetable y de
valor. No es conveniente tutear a un paranoide, hacerlo esperar o no mantener
ciertas reglas mínimas de cortesía.
Un hombre de dos caras
Si tenemos oportunidad de hablar con un familiar, vamos a encontrar un rasgo
cuya descripción aún no he hallado en la literatura: el paranoide tiene una
conducta bifronte: tiene un tipo de conducta para los allegados y otra muy
distinta para los otros. “En casa siempre está malhumorado, poco comunicativo,
pero con sus amigos o en el trabajo es otra persona: hace bromas, charla con
todos, se hace querer.”
“Hay algo que me da mucha bronca de mi padre, en casa lee el diario, mira
televisión, siempre con mala cara. Si cualquiera lo llama por teléfono, se
convierte en otra persona, es parlanchín, chistoso. Cuelga el tubo y vuelve a
tener mala cara.”
Respeto por la jerarquía
Otro rasgo es el respeto por la jerarquía. A pesar de la desconfianza, el
paranoide valoriza mucho la jerarquía. Es éste un elemento muy importante para
ser tenido en cuenta por el psicoterapeuta. Tienen un sistema de jerarquías,
respetan a unos y desvalorizan a otros. Y así en todos los ítems de la vida. En
la familia o en el trabajo, por ejemplo, respetan sólo a las personas a las que
les atribuyen cualidades suficientemente valiosas. Al resto los descalifican.
Sólo consiguiendo el respeto de un paciente paranoide podemos realizar un
tratamiento eficaz. Y esto depende, amén de nuestra personalidad y
conocimientos, de una actitud franca y coherente, sin ocultamientos (es un
experto en captarlos), y del trato que le dispensemos. “Para conseguir respeto
hay que tenerlo”, decía Baruch Espinosa.