El accidente cerebrovascular es una importante complicación después del cateterismo cardíaco. Cada año ocasiona un número sustancial de muertes y de secuelas. Algunos pueden ser tratados con trombolisis, pero la literatura al respecto es limitada


Introducción
Desde la década del noventa el cateterismo cardíaco es importante en la investigación de la fisiopatología cardíaca; hoy en día se estima que cada año se realizan más de 2 millones de procedimientos, sólo en los Estados Unidos. El índice de complicaciones graves, entre ellas, accidente cerebrovascular (ACV), infarto de miocardio y muerte es inferior al 1%. Sin embargo, en virtud de que los cateterismos son cada vez más frecuentes, es de esperar que el número se eleve en un futuro cercano. En esta revisión, los autores analizan los hallazgos clínicos, la evolución y el posible origen del ACV como complicación del cateterismo cardíaco (ACVCC).


Hallazgos clínicos


Incidencia
La frecuencia de ACVCC isquémico y hemorrágico, habitualmente en las primeras 36 horas que siguen al procedimiento, es del 0,07% al 7,0%. Los trabajos más recientes, que abarcaron un mayor número de procedimientos coronarios diagnósticos e invasivos sugieren una prevalencia del 0,07% al 0,38%. El riesgo de la complicación parece mayor después de algunos procedimientos; por ejemplo, luego de la valvuloplastia, la frecuencia de ACV oscila entre un 1.2% y un 2%.


Presentación clínica
La mayoría de los estudios no distinguió entre el ACV isquémico y el hemorrágico pero se estima que hasta un 50% es hemorrágico. Una cantidad desproporcionada (50% a 60%) de los ACV isquémicos compromete la circulación posterior; en los ACV no asociados con estos procedimientos, la frecuencia es del 20%. La mayoría de las complicaciones ocurre durante o inmediatamente después de la intervención.


Factores de riesgo
Los estudios retrospectivos en angiografía y angioplastia coronaria sugirieron que la edad avanzada (especialmente los sujetos de más de 80 años), los enfermos con patología cardiovascular más grave y los pacientes con más factores de riesgo vascular son particularmente vulnerables a presentar ACVCC de tipo isquémico o hemorrágico. Sin embargo, añaden los especialistas, el incremento del riesgo de ACVCC con la edad no difiere significativamente del índice de ACV en los 30 días que siguen a síndromes coronarios agudos tratados médicamente.
El tipo de procedimiento también es importante. De hecho el riesgo parece más alto en los cateterismos de emergencia, cuando el tiempo de fluoroscopía es mayor y cuando se utiliza más medio de contraste. Los microémbolos cerebrales sólidos son dos veces más frecuentes cuando se utiliza el abordaje transradial en comparación con el transfemoral. Más aún, el cateterismo retrógrado del ventrículo izquierdo en pacientes con estenosis aórtica también es un factor de riesgo. El cateterismo retrógrado se asocia con anormalidades en los estudios de imágenes en el 22% de los casos y con compromiso clínico en el 3% de los enfermos, cifras considerablemente mayores a las que se registran con procedimientos no retrógrados o en pacientes sin estenosis aórtica que son sometidos a angiografía coronaria o a cateterismo del corazón izquierdo.
El uso de abciximab, un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa, en combinación con reteplase no parece asociarse con más riesgo de ACV isquémico o hemorrágico, según los resultados de un metaanálisis de 4 trabajos. Sin embargo, el riesgo se eleva cuando se emplea abciximab en combinación con dosis estándar de heparina, una situación que no ocurriría cuando el tratamiento incluye heparina en bajas dosis.


Posibles orígenes de los ACVCC
Existen numerosos indicios que sugieren que los ACVCC muy probablemente tienen origen embólico. Cuando se efectúa resonancia magnética (RMN) después del procedimiento es común que se observen múltiples infartos agudos con diferente distribución vascular; los infartos clínicamente silenciosos también son frecuentes. Los factores de riesgo vascular son comunes en enfermos que presentan ACVCC y es frecuente que estos individuos presenten arteriosclerosis de grandes vasos, que es una posible fuente de émbolos. Los estudios Doppler trascraneales confirmaron el elevado número de microémbolos. Un trabajo prospectivo reciente encontró una elevada incidencia de microémbolos sólidos en pacientes con ACV agudo observable en la RMN.
Los ACVCC embólicos pueden tener múltiples orígenes; por ejemplo las puntas de los catéteres que atraviesan el arco aórtico pueden romper placas de ateroma, una situación que parece bastante frecuente. También es posible que se formen trombos in situ en los extremos de los catéteres. La fluoroscopía prolongada también se asocia con mayor riesgo de ACVCC ya que reflejaría mayor movilización del catéter con lo cual es más posible la ruptura de las lesiones. También cabe la posibilidad de que se produzcan émbolos aéreos; los ACVCC pueden obedecer a hipotensión en el contexto del procedimiento o a embolismo metálico asociado con la ruptura de un dispositivo.
Ciertos tipos específicos de cateterismo se asocian más comúnmente con causas específicas de ACV. Por ejemplo, la elevada incidencia de ACV después de la ablación electrofisiológica sugiere la participación de factores de riesgo especiales. En enfermos con arritmia auricular, un pequeño trombo en la aurícula izquierda (no detectado en los estudios que preceden al procedimiento) puede causar ACV cuando se reestablece el ritmo sinusal normal. Asimismo, la ablación puede afectar al endotelio que libera factor tisular y otras sustancias trombogénicas. Además, la ablación por lo general requiere el uso de catéteres más largos.
Desde el punto de vista fenomenológico, los ACVCC pueden considerarse análogos a los ACV que aparecen después de la cirugía de derivación coronaria con injerto o después de la angiografía cerebral. En enfermos sometidos a estos procedimientos se comprueba elevado índice de infartos silenciosos, de ACV en múltiples territorios vasculares y alto número de factores de riesgo vascular.
Los estudios posmortem también avalan el origen embólico: es común que se observen cristales de colesterol con fibrina y macrófagos cargados de lípidos en las pequeñas arterias leptomeníngeas. Los trombos más grandes suelen tener cristales de colesterol y muchas plaquetas.


    Año X, N° 153, Abril 2009