En el siglo I de nuestra era, Cornelio Celso escribió un tratado de medicina
y cirugía en Latín, en ocho volúmenes, en el cual incluyó los conocimientos de los griegos y
aportó nuevas contribuciones en varios campos. Presentó la clasificación de las enfermedades de acuerdo con el tratamiento
médico o quirúrgico y fue el primero en definir los signos de la inflamación:
rubor, calor, dolor y tumor. Describió numerosos instrumentos quirúrgicos usados
por los griegos entre ellos el trépano o terebra y la trefina o
modiolus.
Claudio Galeno (130-200 dC) nació en Pergamo, ciudad griega actualmente
parte de Turquía. Estudió medicina en Esmirna y visitó diferentes centros médicos de la antigüedad. Regreso a Pergamo y fue
médico de los Gladiadores.
Complementó sus estudios de anatomía haciendo disecciones y experimentos en animales. Demostró que la sección del nervio laríngeo produce afonía.
Muchas de estas demostraciones se hicieron en publico. Galeno se radicó en Roma en donde fue llamado a atender al Emperador Marco
Aurelio.
Galeno demostró que las arterias y las venas conducen la sangre y que el cerebro es el centro del conocimiento, la memoria y los actos voluntarios.
Fue un autor prolífico y se estima que escribió unos 300 libros, de los cuales se conservan ciento veinte. Sus doctrinas se convirtieron en dogma
por más de mil quinientos años. Se cree que Galeno se convirtió al cristianismo y la Iglesia
apoyó sus ideas.
El nombre de Galeno se convirtió con el tiempo en sinónimo de médico y nadie osaba discutir y menos oponerse a sus enseñanzas con riesgo de anatema.
El primer opositor que tuvo Galeno fue Gómez Pereyra de Medina del Campo
autor del libro "Nueva y Verdadera Medicina" (1558) quien consideró que muchos de los errores de Galeno se debían a ignorancia y no a la mala fe.