Bruce DG; Davis WA y col
Diabetes Care 28(10): 2441-2447, 2005

Introducción
Aunque se identificaron elementos comunes a ambas alteraciones también existen variables de riesgo particulares para cada una de ellas, un hecho de gran importancia desde el punto de vista preventivo y para la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos en cada caso.

Las investigaciones transversales y longitudinales mostraron que la diabetes tipo 2 representa un factor de riesgo de incapacidad física, especialmente en personas de edad avanzada. En virtud de que la incidencia de la patología está en aumento, sobre todo en sujetos ancianos, es de gran valor reconocer cuáles son los factores que contribuyen con esta evolución adversa para generar las estrategias preventivas adecuadas. El proceso disfuncional en personas ancianas es consecuencia de la interacción de múltiples factores, entre ellos complicaciones macrovasculares y microvasculares de la diabetes e influencias sociales, económicas y de comportamiento. Asimismo, en diversas investigaciones transversales se constató que la edad, el sexo, la obesidad, el tratamiento con insulina, la neuropatía periférica y la pérdida visual son algunos elementos que contribuyen con la aparición de trastornos funcionales en estos enfermos. El problema habitualmente es progresivo, con acumulación de anormalidades que culminan en un compromiso sustancial de las actividades de la vida cotidiana (AVC) aunque los factores de riesgo podrían no ser enteramente los mismos en todas las circunstancias. En esta oportunidad, el grupo del doctor Bruce del Fremantle Hospital de Australia utiliza la información de una amplia cohorte de enfermos con diabetes tipo 2 para identificar factores de riesgo de alteraciones futuras en la movilidad y en las AVC básicas.

Diseño de la investigación y métodos
El estudio actual se realiza en el contexto del Fremantle Diabetes Study (FDS), una investigación prospectiva y de observación. Entre 1993 y 1996 se identificaron 2.258 individuos con diabetes, 63% de los cuales se reclutaron en el FDS. La enfermedad se definió en función de criterios clínicos. Para la investigación actual se incluyen 818 sujetos sin alteración basal de la motilidad y con independencia en las AVC y 934 pacientes sin problemas con las AVC (aunque sin exclusión de aquellos con trastornos de la movilidad).
Se consideraron datos demográficos y socioeconómicos relacionados con la enfermedad y sus complicaciones como así también otras enfermedades asociadas. Se efectuó análisis de sangre y orina y en todos se valoró la presencia de neuropatía sensitiva periférica mediante el Michigan Neuropathy Screening Instrument. También se buscó retinopatía con oftalmoscopía directa o indirecta; se evaluó la agudeza visual y se buscaron antecedentes compatibles con accidente cerebrovascular (ACV), ataque isquémico transitorio y enfermedad coronaria.
Todos los participantes completaron el cuestionario General Health Status (GHS) que contempla los 5 dominios de actividad física, cuidado personal; dolor; salud mental y autonomía. La valoración de depresión se basó en la referencia del estado del humor, en el GHS. En un subgrupo de 51 pacientes, los resultados se validaron con los obtenidos mediante el abordaje diagnóstico del DSM-IV para depresión. Los expertos señalan que el GHS permite identificar cuatro AVC y la motilidad, separadamente.

Resultados
El primer grupo incluyó 818 enfermos de 62,5 años en promedio, con diabetes de 3 años de duración aproximadamente. El 50% era de sexo masculino. Luego de alrededor de 4,6 años de seguimiento, el 28,5% presentó trastornos de la motilidad. El modelo de regresión Cox reveló que la mayor edad, la presencia de enfermedad cardiovascular, el tratamiento con insulina, la microalbuminuria, la neuropatía periférica, la artritis, el tabaquismo actual, el estar soltero y la falta de actividad física representan factores predictivos independientes de aparición de trastornos de la motilidad. Al excluir del modelo el tratamiento con insulina, la retinopatía también cobró significado estadístico.
El segundo grupo consistía en 934 individuos de 63,5 años en promedio, con 3 años de enfermedad aproximadamente; el 49,7% era de sexo masculino. Después de una observación promedio de 4,8 años, el 18,1% presentó alguna dificultad en las AVC. La aplicación del modelo de Cox reveló que la edad, la enfermedad cardiovascular, la falta de actividad física, el tabaquismo, la claudicación, los problemas de motilidad, la depresión y el origen indígena fueron parámetros predictivos independientes de aparición de dificultades para la realización de las actividades cotidianas.

Conclusiones
El estudio actual de población y prospectivo indica que casi una tercera parte de los pacientes con diabetes tipo 2 con movilidad normal al inicio del seguimiento presenta algún tipo de alteración alrededor de 4,6 años después. Asimismo, en el mismo período casi una quinta parte de los pacientes desarrolla nuevas dificultades con las AVC básicas. Sin embargo, la mayoría presenta deficiencias físicas relativamente menores. De hecho, casi el 80% de los que refieren problemas de motilidad no requiere bastón y sólo una minoría se torna totalmente dependiente de terceros para llevar a cabo las tareas cotidianas. Aún así, se sabe que inclusive los trastornos leves de la motilidad anticipan declinación funcional considerable en la población general y, de hecho, los enfermos del estudio actual que presentaron dificultades basales con los movimientos tuvieron un riesgo más de tres veces más alto de tener compromiso funcional en términos de AVC.
Tal como fue sugerido por investigaciones anteriores, la aparición de trastornos de la movilidad y de compromiso en la funcionalidad AVC fue un proceso multifactorial, esencialmente atribuible a las complicaciones asociadas con la diabetes, a la presencia de patologías intercurrentes, factores de riesgo cardiovascular y factores sociales. Por ejemplo se constató que los enfermos que presentaron trastornos de la motilidad tuvieron con mayor frecuencia neuropatía periférica y antecedente de ACV o artritis, enfermedades que originan trastornos de la marcha y que afectan la funcionalidad de los miembros inferiores. Los resultados de este estudio amplían los datos obtenidos en investigaciones previas y permiten generar medidas profilácticas específicas para evitar el inicio y la progresión de estos trastornos.


   Año VII, N° 118, Mayo 2006