El dolor cervical radicular es producido por escape de material del núcleo pulposo hacia la raíz nerviosa o compresión de la raíz por anomalías anatómicas, que inducen inflamación y cambios en el funcionamiento de los canales iónicos.


Se denomina dolor cervical radicular (DCR) al dolor de tipo eléctrico o de descarga percibido en el brazo y producido por irritación o lesión de un nervio espinal cervical. El DCR debe ser diferenciado de la radiculopatía cervical, un trastorno en el que ocurre una pérdida objetiva de función motora, sensorial o ambas. Por lo tanto, el DCR y la radiculopatía no son sinónimos. El primero es un síntoma debido a la generación ectópica de impulsos, mientras que la segunda también incluye signos neurológicos. No obstante, ambos trastornos pueden coexistir y pueden ser causados por los mismos procesos patológicos.

Cuadro clínico y epidemiología
Los signos y síntomas del DCR se relacionan con disfunción de las raíces nerviosas espinales cervicales y se perciben en toda la distribución de la raíz nerviosa afectada. El dolor originado en C4 se restringe al cuello y las regiones supraescapulares, el originado en C5 se extiende a la parte superior del brazo, y el originado en C6 y C7 se extiende desde el cuello y el hombro hasta el antebrazo y la mano. Los datos sobre incidencia y prevalencia del DCR son escasos, y los más utilizados provienen de datos obtenidos en Rochester, Minnesota, entre 1976 y 1990. Se calculó una incidencia anual de radiculopatía cervical de 83 casos cada 100.000 personas de entre 13 y 91 años. Aunque se clasificó a los pacientes como afectados de radiculopatía, los expertos holandeses estiman que la población descripta incluye también DCR, ya que sólo se observaron cambios sensoriales en el 33% de los casos y debilidad en el 64%. La mayor incidencia se halló en personas de entre 50 y 54 años, con un promedio de 203 casos cada 100.000 personas. El nivel más frecuentemente afectado fue C7 (45% a 60% de los casos), seguido de C6 (20% a 25%), C5 y C8 (10% cada uno).

Diagnóstico
Si el DCR no se resuelve en forma espontánea al cabo de 3 meses, es necesario descartar infecciones o tumores de la columna vertebral antes de continuar con el tratamiento sintomático. También debe excluirse la existencia de dolor somático reflejo y de patologías en el hombro, que pueden tener una presentación clínica similar. La prueba de compresión del cuello o prueba de Spurling, la prueba de abducción del hombro y la tracción axial manual son útiles para el diagnóstico de DCR. Todas ellas tienen alta especificidad pero baja sensibilidad. Las radiografías permiten diagnosticar lesiones de la columna cervical, y la tomografía computada es útil para evaluar estructuras óseas corticales. La resonancia magnética permite identificar cambios en el disco, la médula, la raíz nerviosa y las estructuras de tejidos blandos circundantes. Se utiliza electromiografía para evaluar el comportamiento de una unidad motora seleccionada de músculos del brazo y de los músculos paravertebrales, para hallar patologías neurofisiológicas relacionadas con la raíz de un nervio cervical. También se realizan estudios de conducción nerviosa para descartar otras causas, como el compromiso de nervios periféricos. Antes de decidir una opción terapéutica debe confirmarse que el nivel afectado es el que surge del examen clínico y los métodos auxiliares. Para ello se recomienda realizar bloqueo selectivo de raíces nerviosas mediante la inyección de un pequeño volumen de anestésicos locales adyacente al ganglio de la raíz dorsal (GRD).

Fisiopatología
Se cree que el DCR es producido por 2 mecanismos principales: escape de material del núcleo pulposo hacia la raíz nerviosa o compresión de la raíz por anomalías anatómicas, o ambas cosas. Cualquiera de estos mecanismos inducirá 2 procesos en el nervio: reacción inflamatoria y, relacionada con ella, cambios en el funcionamiento de los canales iónicos. Estos efectos finalmente causan un patrón de hiperexcitabilidad y de actividad ectópica en el GRD, que son interpretados como dolor. La inflamación del GRD o la raíz nerviosa lleva a la liberación de varias moléculas tróficas y citoquinas involucradas en la aparición del dolor. Entre estos mediadores los más importantes son las prostaglandinas y el factor de crecimiento nervioso (FCN).
Las prostaglandinas se generan a partir de ácido araquidónico por acción de las ciclooxigenasas (COX). La isoforma COX-2 es la inducida en los sitios inflamatorios, y parece tener un papel causal en el desarrollo de dolor radicular. El FCN es liberado cuando se producen lesiones en el GRD, y produce efectos inmediatos y retardados. El efecto rápido incluye su acción sobre nociceptores, como los receptores de tipo vainilloide. Los efectos retardados incluyen la inducción de varias moléculas a nivel neuronal, como el factor c-Fos. La expresión de FCN en el GRD ha sido vinculada con aumento en la expresión del factor neurotrófico cerebral, expresado constitutivamente por neuronas sensoriales y transportado desde el GRD hasta las terminales medulares. El aumento de este factor neurotrófico parece constituir un inductor principal de los mecanismos centrales de hiperalgesia inducida por inflamación.
La lesión del nervio inicia cambios en la membrana, incluso modificaciones en el funcionamiento de los canales de sodio, potasio y calcio operados por voltaje. Se ha identificado un aumento en la expresión de los canales de sodio en el GRD luego de una lesión. Esto lleva a un cambio en el potencial de membrana en reposo, de forma tal que las neuronas lesionadas o no lesionadas se encuentran en un estado de hiperexcitación y pueden generar impulsos en forma repetida, llevando al DCR.

Tratamientos dirigidos a los cambios inflamatorios
Aunque se postula que la acción analgésica de los antiinflamatorios no esteroides (AINE), es decir la inhibición de la síntesis de prostaglandinas, se verifica principalmente en sitios periféricos de inflamación, existen evidencias crecientes de que también hay producción de prostaglandinas en el GRD y la médula espinal. A pesar de que los AINE son eficaces en una variedad de síndromes dolorosos, no se ha investigado el uso de estos fármacos en el tratamiento del DCR.
Por su parte, los corticosteroides ejercen su efecto antiinflamatorio por inhibición de la cascada del ácido araquidónico, pero también se postula un efecto local de tipo anestésico. El objetivo de la administración epidural de corticosteroides, ya sea por vía interlaminar o transforaminal, es llevar la medicación a los alrededores de la raíz nerviosa inflamada. Un ensayo clínico demostró que el 68% de los pacientes que recibieron esteroides epidurales mantenían un alivio doloroso aceptable 1 año después de la última inyección, mientras que esto ocurrió sólo en el 11,8% de los que fueron tratados por vía intramuscular. Aunque un estudio retrospectivo identificó sólo complicaciones menores en el 17% de los pacientes tratados por vía epidural, existen informes de casos de lesión nerviosa o daño medular luego de la inyección epidural a nivel cervical.
Las investigaciones básicas indican que el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) está involucrado en el desarrollo de lesiones nerviosas inducidas por el núcleo pulposo, por lo cual los inhibidores del TNF-α pueden producir alivio del dolor. Concordantemente, hallazgos recientes indican que tales inhibidores atenúan el aumento de factor neurotrófico cerebral inducido por el contacto del núcleo pulposo con la raíz nerviosa. Los ensayos con inhibidores de TNF-α inyectados por vía sistémica indican un posible beneficio de esta terapia en el dolor radicular lumbar. En cambio, no existen datos sobre su uso en el dolor radicular cervical.

Terapias dirigidas a la modulación de los canales iónicos
Los bloqueantes de los canales de sodio, como la carbamazepina y la oxcarbazepina, han sido ampliamente utilizados para tratar el dolor neurogénico central y periférico. Por otra parte, es sabido que la gabapentina se une a la subunidad α2δ de los canales de calcio operados por voltaje. En 2 ensayos controlados se ha demostrado la eficacia de este fármaco en pacientes con neuralgia posherpética y neuropatía diabética dolorosa. Aunque los antagonistas de los canales iónicos son utilizados habitualmente como coanalgésicos para tratar el dolor neuropático, nunca se ha investigado su utilidad en el DCR.

Otros tratamientos dirigidos al GRD o la raíz nerviosa
Por su capacidad de bloquear las vías de conducción de las señales de dolor, el tratamiento por radiofrecuencia ha sido utilizado en varios síndromes dolorosos. En 2 ensayos aleatorizados se demostró la eficacia de la aplicación de la aplicación de radiofrecuencia en zonas adyacentes al GRD. No obstante, 2 revisiones sistemáticas indican que hasta el momento existen evidencias limitadas de que la radiofrecuencia aplicada al GRD sea más eficaz que un placebo para tratar el DCR crónico. Recientemente se ha introducido en la práctica clínica la radiofrecuencia pulsada para evitar las lesiones térmicas producidas por la radiofrecuencia convencional. Un estudio demostró que la aplicación de radiofrecuencia pulsada en forma adyacente al GRD induce expresión de c-Fos, un indicador de activación neuronal. Un ensayo sobre el uso de esta estrategia en pacientes con dolor crónico en la región cervical con radiación hacia el brazo o la cabeza demostró un resultado positivo en el 72% de los casos al cabo de 8 semanas.
La espondilosis cervical o la hernia de disco pueden producir DCR por compresión de las raíces de la médula espinal. Aunque frecuentemente se utilizan técnicas quirúrgicas de descompresión, con fusión intervertebral o sin ella, para reducir el dolor y la discapacidad, estos procedimientos tienen un riesgo pequeño pero definido. Un ensayo clínico aleatorizado en pacientes con DCR prolongado indica que el collar cervical, la fisioterapia y la cirugía son igualmente eficaces en el largo plazo. Una revisión sistemática concluyó que no está claro que los riesgos a corto plazo de la cirugía se compensen con algún beneficio a largo plazo.

Posibles tratamientos futuros
Otra terapia en estudio es el uso de bloqueantes de los receptores de vainilloides. Por ejemplo, la resinferatoxina, un análogo muy potente de la capsaicina, ha sido usado para tratar trastornos de hipersensibilidad del tracto urinario. La duración de acción de los anestésicos locales, que inhiben los canales de sodio, es relativamente breve. Estudios recientes con butamben, un anestésico local de acción prolongada, indican que son necesarias dosis múltiples durante varios días para conseguir una analgesia prolongada.

Conclusión
Los tratamientos que interfieren con los mecanismos fisiopatológicos del DCR, como los AINE, inhibidores del TNF-α y antagonistas de los canales iónicos, son eficaces en diversos síndromes dolorosos, señalan los expertos holandeses. A pesar de ello, hacen notar que existe una falta notoria de ensayos controlados sobre el uso de estos tratamientos en el DCR.


    Año IX, N° 148, Noviembre 2008