En la rinosinusitis bacteriana aguda, los antibióticos deben ser adecuados para erradicar a los patógenos más comunes, entre ellos S. pneumoniae resistente, H. influenzae y M. catarrhalis productores de beta lactamasa. La combinación de amoxicilina más ácido clavulánico y alguna de las nuevas cefalosporinas representan buenas opciones

Introducción

La rinosinusitis aguda bacteriana (RSAB) es una de las infecciones más comunes en niños y adultos; asimismo, es una de las situaciones clínicas que más tratamientos antibacterianos motiva. Surge como complicación del resfrío común en el 0,5% al 10% de los enfermos. El tratamiento de la RSAB es complejo por varios motivos, señala el doctor Hadley y colaboradores de la University of Rochester. En primer lugar no es fácil hacer el diagnóstico diferencial entre la rinosinusitis bacteriana y la viral; además, la RSAB se asocia con un índice elevado de curación espontánea. Sin embargo, es necesario un tratamiento apropiado para evitar las posibles complicaciones, entre ellas, absceso cerebral, meningitis y celulitis de la órbita. El tratamiento con antibióticos puede acortar la evolución de la RSAB pero debido al elevado índice de remisión espontánea (alrededor de un 60%) y a la posibilidad de aparición de resistencia, muchos consideran que es correcto adoptar una conducta expectante, al menos durante los primeros días.

Diagnóstico

Los hallazgos clínicos y los que se observan en los estudios de imágenes son inespecíficos y no permiten establecer la etiología. Como consecuencia, en la rinosinusitis no complicada es común la indicación innecesaria de antibióticos. La prueba diagnóstica estándar consiste en la punción del seno maxilar para tomar una muestra para cultivo. Sin embargo, este procedimiento no es aplicable en la práctica; en la actualidad sólo está indicado en pacientes con fracaso al tratamiento o con enfermedad recurrente complicada. La endoscopía nasal representa una alternativa para la obtención de material para cultivo.
En la práctica, el diagnóstico de la RSAB se basa en los hallazgos clínicos. La rinosinusitis viral es la forma predominante (90% a 98% de los casos); aunque el valor predictivo de cualquier síntoma aislado es muy bajo, la secreción nasal purulenta, el dolor a la presión sobre uno de los senos maxilares, el dolor facial y el dolor dentario son algunas de las manifestaciones de utilidad para hacer el diagnóstico de RSAB. Asimismo, el agravamiento, después de un período inicial de mejoría, debe hacer pensar en infección bacteriana secundaria. En términos de diagnóstico, cualquiera de los signos o síntomas mencionados tiene más valor cuando no mejora o cuando se agrava después de 7 a 10 días.

Microbiología

Los patógenos más comúnmente involucrados en la RSAB son los mismos que causan la otitis media aguda, entre ellos, S. pneumoniae; H. influenzae no tipificable y Moraxella catarrhalis. Aún cuando la infección sea realmente bacteriana, el índice de curación espontánea es muy alto. A la hora de elegir el tratamiento antibacteriano, los profesionales deben conocer cuáles son los gérmenes más prevalentes en su región y el patrón de resistencia de los microorganismos involucrados. La información en conjunto indica que la resistencia a la penicilina (concentración inhibitoria mínima de más de 2 µg/ml) y a la ampicilina es muy común entre los patógenos de la RSAB. Asimismo, se estima que alrededor del 30% de los microorganismos involucrados es resistente a los macrólidos. Otros factores que influyen en el éxito del tratamiento antimicrobiano son la edad y la exposición anterior a los antibióticos. Aunque los beta lactámicos (amoxicilina y ampicilina) todavía tienen un papel importante en el tratamiento de la RSAB, el índice elevado de resistencia obliga a pensar en otras alternativas, especialmente para las infecciones por H. influenzae y por M. catarrhalis. En la actualidad, la combinación de amoxicilina más ácido clavulánico representa una excelente opción de terapia contra estos gérmenes, ya que la combinación es útil contra las bacterias que son sensibles a la penicilina como así también contra aquellas que no lo son. Otros beta lactámicos eficaces incluyen el cefdinir, la cefpodoxima y la cefuroxima. Sin embargo, estos agentes no son útiles en la infección por cepas de neumococo resistente a la penicilina.

Tratamiento

La mayoría de las elecciones terapéuticas en la RSAB se realizan empíricamente, según la gravedad de la enfermedad, la frecuencia de gérmenes en cada ámbito, los patrones de resistencia local y los resultados de trabajos clínicos. Aunque el índice de remisión espontánea es bastante elevado, los estudios controlados con placebo mostraron el beneficio asociado con el tratamiento antibacteriano cuando el germen es sensible al fármaco administrado y cuando se logran concentraciones apropiadas en el sitio de la infección.
Entre los beta lactámicos para uso oral, la combinación de amoxicilina y ácido clavulánico se asocia con la mayor eficacia (más del 90%); le siguen las cefalosporinas de nueva generación (eficaces en más del 80% de los casos) En cambio, los macrólidos y las cefalosporinas más antiguas (cefaclor) se consideran menos eficaces. El tratamiento inicial de los enfermos con patología leve y sin terapia antimicrobiana anterior debería incluir amoxicilina más ácido clavulánico o alguna de las cefalosporinas más nuevas. Estas últimas tienen la ventaja de que se toleran mejor.

Conclusiones

La RSAB es una infección común que ocasiona consecuencias importantes en el ámbito de salud pública. El tratamiento antibacteriano es eficaz para erradicar la infección y para acortar el período de enfermedad. Sin embargo, los antibióticos sólo están indicados cuando los signos y síntomas típicos duran más de 7 días o cuando se agravan, después de una mejoría inicial. Los fármacos seleccionados deben ser adecuados para erradicar a los patógenos más comunes, entre ellos S. pneumoniae resistente y H. influenzae y M. catarrhalis productoras de beta lactamasa. La combinación de amoxicilina más ácido clavulánico y alguna cefalosporina nueva –cefdinir o cefuroxima, son buenas opciones de tratamiento en estos enfermos.


    Año XI, N° 167, Junio 2010