Introducción
Debido a sus efectos en la prevención de la disfunción endotelial y la
aterosclerosis, los bloqueantes cálcicos podrían ser considerados como una
herramienta más en la terapéutica de las afecciones vasculares ateroscleróticas.
La disfunción epitelial se considera una protagonista central en el desarrollo,
progresión y complicaciones clínicas de la aterosclerosis y por este motivo el
endotelio vascular se ha transformado en un blanco destacado de las terapias que
incluyen abordajes terapéuticos para las enfermedades vasculares, incluso de las
coronariopatías.
Se destaca la carta de lectores elaborada por un grupo de expertos turcos
liderados por el Dr Turgay Celik, de la Ersoy Isik Gulhane Military Medical
Academy, School of Medicine, Department of Cardiology, de Etlik-Ankara
(Turquía), referida al artículo publicado por el grupo de Takase y
colaboradores. En este artículo, se focaliza la atención en el papel de los
bloqueantes de los canales cálcicos.
Los bloqueantes cálcicos y la función endotelial
En la publicación que fue objeto de los comentarios del Dr. Turgay Celik y sus
colegas, se estableció que la administración de nifedipina mejoró de manera
imnmediata la respuesta dilatadora a la acetilcolina sobre el circuito arterial
coronario y de la arteria braquial, en pacientes con coronariopatías.
Estos efectos pleiotrópicos de los bloqueantes cálcicos surgieron
específicamente en la segunda generación de ese tipo de agentes, diseñados
primariamente como vasodilatadores. Esta potencial de acción se expresó por el
efecto de algunos miembros de familia de bloqueantes cálcicos que acentúan los
efectos del óxido nítrico y reducen los del endotelio sobre las células
musculares lisas vasculares, lo cual redunda en mejoría global de la función
endotelial.
En algunos casos, esas acciones podrían estar mediadas por las propiedades
antoxidantes de, por ejemplo, la amlodipina y la nisoldipina. Otros estudios
como el ENCORE (Effect of Nifedipine and Cerivastatin on Coronary Endothelial
Function in Patients with Coronary Artery Disease) mostraron que la combinación
de ambos tratamientos producía una mejoría notoria de la función endotelial.
La nifedipina (un bloqueante cálcico del grupo de la dihidropiridinas) se
utiliza frecuentemente para el tratamiento de la hipertensión; su corta vida
media llevó a la formulación de un producto de acción prolongada que se evaluó
en el estudio nifedipina-GIST. Este estudio (el INSIGHT) sobre resultados y
pronóstico clínico demostró que esta opción era tan eficaz como los diuréticos
respecto a morbilidad y objetivos pronósticos, con la salvedad que se asociaba
con menor incidencia de diabetes, gota o enfermedad vascular periférica. El
hallazgo más notorio, destacan los expertos, fue la disminución significativa
del grosor de la media y la íntima, comparado con los resultados observados con
el empleo combinado de hidroclorotiazida y amilorida.
Otras 2 importantes investigaciones [el Regression Growth Evaluation Statin
Study (REGRESS) y el Prospective Randomized Evaluation of the Vascular Effects
of Norvasc Trial (PREVENT)] también señalaron que el uso combinado de amlodipina
o nifedina con pravastatina provocaba no sólo reducción significativa en la
aparición y magnitud de las nuevas lesiones sino incluso mejoría en la
progresión de la enfermedad coronaria aterosclerosa.
En el caso del estudio ALLHAT (Antihypertensive and Lipid-Lowering Treatment to
Prevent Heart Attack Trial) se comprobaron las semejanzas entre la amlodipina y
los diuréticos en relación con la disminución de las complicaciones
cardiovasculares. Por su parte, el CAPARES (Coronary AngioPlasty Amlodipine
Estenosis Study) demostró la reducción en la necesidad de revascularización en
pacientes con angina estable, y un hallazgo semejante se obtuvo, en pacientes
con coronariopatías e hipertensión arterial, en el ACTION (Long-acting
Nifedipine on Mortality and Cardiovascular Morbidity in Patients with
Symptomatic Stable Angina and Hipertensión).
Conclusión
Recientes investigaciones señalan que algunos integrantes del grupo de
bloqueantes cálcicos, como la amlodipina, podrían tener aplicaciones como
agentes ateroprotectores, pudiendo inhibir el desarrollo de nuevas lesiones.
De este modo, se podría considerar a los bloqueantes cálcicos, particularmente
las dihidropiridinas, como un arma más en la lucha contra la aterosclerosis.