Introducción
Aunque el compromiso aterosclerótico en las mujeres suelen ser menos extenso que
en el hombre a pesar de la existencia de factores de riesgo, la progresión de
las lesiones de placa ateromatosa es semejante, lo cual conlleva a la necesidad
de un tratamiento similar.
En términos generales siempre se ha puesto menor atención en la patología
coronaria femenina que en la masculina, a pesar de que estas enfermedades
constituyen un riesgo significativo para la salud de las mujeres.
Aún no se ha determinado con claridad si existen diferencias en el compromiso
ateromatoso coronario entre mujeres y varones, lo cual puede ser aclarado
mediante el uso de ultrasonido intravascular (UIV). Los autores además
investigaron la eficacia de la terapia antiaterosclerótica, en la prevención de
lesiones coronarias en la mujer.
Métodos
La investigación estadounidense consistió en el análisis sistemático de 978
individuos de ambos sexos, que tomaron parte de estudios seriados sobre
progresión de ateromas.
En esta población se compararon la extensión de los ateromas coronarios en el
inicio del estudio y como respuesta a la terapia médica establecida como eficaz
para esos casos, entre varones y mujeres.
Resultados
El sexo femenino mostró mayor frecuencia de antecedentes hipertensivos y mayor
índice de masa corporal, colesterol ligado a lipoproteínas de baja y alta
densidad, triglicéridos, proteína C-reactiva y cifras de presión diastólica y
sistólica.
No obstante, la magnitud de las placas ateromatosas en las mujeres fue menor,
expresado como porcentaje de volumen de ateroma (PVA): 33.9 ± 10.2% vs. 37.8 ±
10.3% (p < 0.001) y como volumen de ateroma total (AVT): 148.7± 66.6 mm 3 vs .
194.7 ± 84.3 mm 3 (p< 0.001).
Con el tratamiento médico, tanto la tasa de cambios de PAV (0.7 ± 0.6% vs . 0.7
± 0.5%; p=0.92) como de AVT (-2.3 ± 3.2 mm 3 vs - 1.9 ± 2.9 mm 3 , p = 0.84) no
mostraron diferencias vinculadas al género.
Discusión
La elevada presencia de factores de riesgo en la población femenina estudiada se
contrapone con la existencia de menor número de placas ateromatosas en el
territorio coronario, que las observadas en el caso de los hombres que tomaron
parte de la investigación. No obstante, estas características diferenciales
entre mujeres y varones no se correspondieron con los resultados de la
aplicación de terapia preventiva, frente a las cuales los representantes de
ambos sexos con evidencias angiográficas de coronariopatías, respondieron de
manera semejante. En este sentido, los hallazgos del trabajo estadounidense
confirman y avalan los lineamientos sobre prevención de la enfermedad
cardiovascular en la mujer, emitidos por la American Heart Association. Este
hecho contrasta con la menor tendencia de las mujeres a solicitar atención
médica y recibir las terapias ya establecidas, en presencia de síndromes
coronarios agudos.
Se plantea el interrogante acerca de cual sería la real contribución de los
factores de riesgo en la mujer, en relación con la extensión y la actividad de
las placas ateromatosas. A la luz de estos hechos, podría ser posible que más
que la existencia de factores de riesgo globales, en las mujeres ciertas
variables o conjunto de variables de riesgos en particular tendrían un papel
protagónico. Es decir, podrían existir factores de riesgo específico con un
potencial de aterogenicidad mayor al de otros que forman parte de los
considerados de manera global.
Por otra parte, los autores afirman que resulta poco probable que las
diferencias estén condicionadas por diversidad en el proceso de remodelado
arterial, porque no se registraron diferencias entre hombres y mujeres en las
formas de remodelado arterial en el lugar con mayor compromiso de placas
ateromatosas .
Conclusión
El hecho de que aun en presencia de un importante número de factores de riesgo
las mujeres exhiban un compromiso ateromatoso coronario menor que el de los
varones, no exime de considerar diferencias a la hora de planificar terapias
preventivas.
Las evaluaciones realizadas en este trabajo mediante el empleo de UIV ponen de
manifiesto que la progresión o extensión de la placa, capaz de ser modificada
por el uso de terapias preventivas, no es diferente entre hombres y mujeres.
Esta circunstancia refuerza la importancia de sostener activamente las políticas
de tratamientos farmacológicos en mujeres con afecciones coronarias, con un
énfasis semejante al que se ejerce sobre la población masculina con similar
morbilidad.