Svanes C, Gomez Real
F, Gislason T & al
Thorax 60: 445-450, 2005
Introducción
Desde hace largo tiempo se postuló un posible efecto de las hormonas sexuales
femeninas en la etiopatogenia del asma y de la alergia pero la asociación, sin
embargo, se comprende poco. Las investigaciones en mujeres revelaron
interacciones complejas y contradictorias entre la enfermedad asmática, el
estado hormonal natural y el tratamiento con hormonas sexuales femeninas. En un
estudio se constató que la concentración de dichas hormonas más frecuentemente
estaba fuera del espectro de la normalidad en pacientes asmáticas en comparación
con mujeres sin asma. Por su parte, un trabajo en enfermas derivadas por
infertilidad anovulatoria mostró que en ellas la medicación antiasmática antes
de los 21 años era 2,5 veces más común respecto de la población general. Los
hallazgos en conjunto sugieren que el asma en mujeres podría generar un
desequilibrio en el estado de hormonas sexuales. En esta oportunidad, el doctor
Svanes y colegas del Department of Thoracic Medicine del Haukeland Hospital de
Noruega analizan si las mujeres con asma de una población general refieren con
mayor frecuencia trastornos menstruales. Además, establecen en particular la
posible influencia de la medicación antiasmática.
Métodos
El estudio se realizó en el contexto del Respiratory Health in Northern Europe (RHINE),
una investigación de seguimiento en 7 centros de Europa que participaron en la
primera etapa del European Community Respiratory Health Survey (ECRHS), un
estudio llevado a cabo entre 1990-1994. Durante este período, se seleccionaron
aleatoriamente hombres y mujeres de 20 a 44 años. La cohorte incluida en el
RHINE sólo abarcó mujeres de 5 centros. Un total de 8.588 participantes completó
la primera parte del cuestionario de 12 preguntas que permite conocer
antecedentes bronquiales y 52 secciones para establecer el estado hormonal
(presencia o no de ciclos regulares). Sólo se incluyeron mujeres no embarazadas,
no posmenopáusicas y sin tratamiento con anticonceptivos ni con terapia hormonal
de reemplazo.
Resultados
La prevalencia de irregularidades menstruales fue del 23%: 15% en mujeres de 25
a 42 años y del 37% en las de 43 a 54 años. En el grupo más joven, los
trastornos ginecológicos fueron más frecuentes entre mujeres con índice de masa
corporal más alto y en las más bajas y en las más altas. En cambio, en el grupo
de mujeres de mayor edad, las irregularidades menstruales se asociaron
considerablemente con el hábito de fumar.
La frecuencia de asma y alergia fue mayor en pacientes que refirieron períodos
menstruales irregulares en el grupo de 25 a 42 años, aún después de efectuar el
ajuste según peso corporal, clase social, tabaquismo y centro de participación.
Asimismo, la magnitud de la asociación fue semejante en términos de asma de
inicio en la niñez (odds ratio [índice de riesgo relativo], OR de 1,33); en la
adolescencia (OR de 1,49) o en la edad adulta (OR de 1,20). Luego de la
exclusión del análisis de las 259 mujeres tratadas con medicación antiasmática,
la presencia de menstruaciones irregulares todavía se asoció significativamente
con síntomas de asma y de rinitis.
En el grupo de 43 a 54 años, la prevalencia de trastornos ginecológicos aumentó
con la edad, coincidentemente con un mayor porcentaje de participantes en el
período perimenopáusico. En este grupo no se observó asociación entre las
menstruaciones irregulares y el asma o los síntomas de reciente inicio, a
diferencia de lo observado en el grupo de mujeres de menos edad (25 a 42 años).
La prevalencia de asma persistente fue semejante en ambos grupos.
Discusión
El estudio demuestra que las pacientes con asma y alergia refieren con mayor
frecuencia irregularidades menstruales, un fenómeno que coincidió en todos los
centros de investigación, en mujeres no embarazadas en edad reproductiva del
norte de Europa. La asociación no pudo ser atribuida a la medicación
antiasmática y más bien parece obedecer a factores etiopatogénicos comunes. De
hecho, añaden los autores, se sabe que ciertas desventajas madurativas presentes
en los primeros años de vida –inclusive durante el desarrollo intrauterino– se
relacionan con aumento del riesgo de asma y con desequilibrios hormonales.
Asimismo, es factible que existan alteraciones metabólicas comunes que expliquen
la aparición de ambas anormalidades.
En conclusión, este estudio es el primero en demostrar que el asma y la alergia
se asocian con períodos menstruales irregulares, en la población femenina en
general. La medicación antiasmática no debería ser considerada un factor
responsable en dicha interacción.
Una mejor comprensión de la asociación encontrada sin duda ayudará a comprender
mejor la fisiología del asma; es posible que la resistencia a la insulina tenga
cierta participación en la etiología multifactorial de las enfermedades
alérgicas. Asimismo, es probable que ciertas desventajas presentes desde etapas
precoces del desarrollo afecten desfavorablemente y en paralelo al sistema
respiratorio y ginecológico.